Invitamos al equipo de Hiperderecho a que hablase con los participantes del taller sobre los derecho digitales, y a realizar un taller experiencial sobre violencia de género en línea. Denisse Albornoz, Directora de Investigación de la institución, nos cuenta su experiencia

El Equipo de Hiperderecho nos visita

¿Cómo fue tu experiencia con los chicos de Vía Código?

La experiencia fue maravillosa. Yo estaba nerviosa antes de llegar al taller. No sabía cuál era la expectativa de los chicos, ni hasta qué punto estarían abiertos a conversar abiertamente sobre derechos digitales y acoso en línea. Me ponía nerviosa también usar las palabras incorrectas - decir algo relacionado a sus derechos, a delitos o a el sistema de justicia que los pueda hacer sentir mal. Algo que me hizo sentir más tranquila fue conversar con Pedro antes de entrar, que nos presente a algunos de los chicos con los que ha estado trabajando y que nos lleve a conocer el lugar. Ver que los chicos eran tan amables y que estaban tan abiertos a tenernos ahí me hizo sentir muchísimo más cómoda.

La experiencia de dar el taller en sí fue bastantante buena. Me sorprendió muchísimo que participen tanto (mucho más que quienes han ido a nuestros otros talleres), y las preguntas que hicieron. Sobre todo me sorprendió que cuando empezamos a hablar de violencia de género en línea, estaban dispuestos a escuchar, aprender y dar sus opiniones. Yo esperaba resistencia o silencio, pero por el contrario, encontré mucha disposición por hablar de un tema potencialmente incómodo y nuevo. Fue muy gratificante.

¿Cuál fue el mensaje o idea principal que llevaste a los chicos de Vía Código?

Marieliv y yo estuvimos a cargo de darles la charla sobre violencia o acoso en línea y pornografía no consentida. Nos acercamos al tema hablando sobre lo importante que es que en internet hayan espacios seguros para todas las personas, dándoles algunos ejemplos sobre cómo el uso de la tecnología representa ciertos riesgos para las mujeres. La idea que queríamos que se lleven, como adolescentes, hombres y programadores, es que ellos tenían mucho poder para cambiar esta dinámica y para tomar decisiones que hagan sentir a las mujeres más seguras en estos espacios (como por ejemplo actuando siempre con empatía y consentimiento en todas susinteracciones). Queríamos que nuestro mensaje esté más orientado a quienes podrían ser ahora y en el futuro, independientemente de lo que haya pasado antes en sus vidas.

¿Qué idea o mensaje te llevaste de tu encuentro con los chicos?

El mensaje que me llevé, a pesar de haber interactuado con ellos sólo por unas horas, es que es demasiado importante crear espacios super abiertos donde ellos puedan desarrollar su confianza. Desde la confianza para hacer una pregunta que les da verguenza expresar en voz alta, hasta la confianza para cuestionarse y hablar abiertamente sobre situaciones complejas como hablar de igualdad de género y de violencia en línea. Como dije en la sección anterior, algo que me sorprendió fue su disposición. Y lo que yo interpreto de eso, es que tratarlos sobre la base de su potencial, su creatividad, su criterio es un gran paso para que ellos recuperen o desarrollen confianza en ellos mismos y que crean que pueden ser las personas que ellos quieren ser.

¿Cuál crees tú que es el potencial del código y la programación para cambiar el mundo de adolescentes infractores o en situaciones de vulnerabilidad?

Creo que la programación es una oportunidad para que ellos redefinan su masculindad, su rol en la sociedad y cómo quieren relacionarse con los demás. El trabajo creativo, así sea apoyado por la tecnología, es un vehículo súper terapéutico y poderoso para canalizar ese poder que los hombres adolescentes empiezan a desarrollar a esa edad. Vivimos en una sociedad que les inculca que su valor está en su fuerza física, más que en su fuerza mental. Darles la oportunidad de crear nuevas tecnologías y espacios, es una apuesta por que ellos se valoren y se vean a sí mismos bajo una luz distinta. Que dejen de verse sobre la base de las infracciones que hayan cometido, los problemas que tengan en su entorno, o bajo ese lente de masculinidad tóxica que les inculcan, y que empiecen a definirse y desarrollares como creadores y como personas con capacidades únicas, con muchísimo que ganar y aportar en la sociedad.